Padre Lucho: piezas de corazón chileno

20180526_113656(0)Al mirar o pensar en puzles la mente inmediatamente se dirige a dinámicas protagonizadas por niños que reúnen las piezas para armar caricaturas de moda o dibujos. Pero en este pasillo es distinto, los puzles son tratados como verdadero arte y están enmarcados porque de esta forma resaltan mejor los colores y diseños que tienen.

Paisajes futuristas y otros más realistas, pero todos tienen algo en común: pequeñas piezas unidas de forma perfecta y en un trabajo minucioso hecho por el Padre Lucho, el mismo que hoy desde Nijmegen, Holanda, no deja por ningún motivo su pasión por los puzles, pero a sus 93 años es un programa del computador el que le permite seguir armándolos.

Su habitación en la casa de retiro que tiene la Congregación en esa ciudad también está adornada por sus queridos puzles, pero sobre todo por objetos que representan donde él dice dejó su corazón: Chile. Padre Lucho pasó más de 50 años como sacerdote misionero dehoniano en el último rincón de Sudamérica, un país que en esa época tenía una cultura campesina importante que sin duda lo enamoró.20180526_110736

“No quise estar en Santiago, me gustó el campo, me gustó estar ahí para la gente trabajadora y de esfuerzo. Yo era cura de los pobres, no de los ricos, por eso varias veces me enfrenté a los dueños de fundo porque los trabajadores no podían asistir a la misa a la hora que los patrones decían, y a mí me importaba tener a la gente humilde en la iglesia. De hecho cambié la hora de la misa, así de simple”, asegura mientras camina por los pasillos de la casa hacia el patio exterior.

“Estar en Chile fue el tiempo más bonito de mi vida y tengo la gracia de comunicarme aún todos los meses con algunas de las personas con las que compartí. Me encanta saber lo que pasa allá, leo todos los diarios para enterarme de lo que pasa, lo bueno y lo no tanto”, sostiene y además aprovecha de comentar la situación en que se encuentra la Iglesia chilena.

Su recorrido por tierras chilenas lo llevó por Talca, por Auquinco y otros sectores de la sexta y séptima región. Fue conocido como nada más ni nada menos que el “cura en moto”, vehículo que usaba para recorrer los extensos caminos de tierra que separaban a cada localidad en esa época. Sus ojos se abren y su mirada brilla al recordar esos años, en que sacó tanto provecho de su juventud en un país del que se siente parte hasta el día de hoy.

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Esa comunicación que mantiene con una de las familias con las que compartió en sus años de misionero hace que su español se mantenga en perfectas condiciones. En Nijmegen usa solamente el idioma holandés, por eso se nota cuánto le encanta escuchar “hola padre” en español y conversar sobre sus más de cinco décadas como un chileno más. Hasta hace muy poco tiempo su compañero de experiencias era el Padre Egidio, quien también pasó gran parte de su vida en Chile, pero el cáncer que lo atacó lo fue debilitando cada vez más hasta su muerte, hace solo algunas semanas.

El tiempo no ha pasado en vano y hoy con 93 años en el cuerpo su mente funciona a la perfección, pese a que él dice que no es tan así porque repite algunas cosas y tiene que usar una muleta que le facilita el acceso a las escaleras. Su pierna está con algunos problemas debido a la diabetes, pero la vitalidad lo sigue acompañando desde aquellos días cruzando el campo chileno en moto.

Hay un dicho muy reconocido que dice “hogar es donde está el corazón”, y el corazón del Padre Lucho está en su querido Chile, por eso al momento de tomar una foto no duda en posar con su querida bandera chilena tricolor, los mismos tres colores que siguen más vivos que nunca en su vida.

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